




POESIA.
Cuídate de los poetas.
Por: Picadilly Palare.
Para Kim por florecer en mí estas palabras y para Jorguinpe por darles vida con su soplo de ebanista maldito.
Deseo que jamás te ame un poeta. Duele llevar en el pecho a una mujer esculpida con vocablos. Duele ser quemada por el humo de esos tristes magos, rebeldes antimateria, enemigos por igual de dioses y de humanos.
Deseo que jamás te ame un poeta. Dulces embaucadores, solo tienen el verbo maldito. Jamás podrán besar tu espalda o arrullar a tus hijos. Su amor ha sido sellado por el amarre de la sílaba. Son demiurgos falsos y tercos.
Deseo que jamás te ame un poeta. Sus bocas son nidos huérfanos, en sus pechos nunca amanece, el fuego de la vida les repele y solo los abrasa la quimera.
Tú solo serás su recipiente sagrado, tu humanidad les será cansina y repugnante y acabarás odiándolos también a ellos.
Recuerda, siempre recuerda:
Son nigromantes de la melancolía, solo cargan consigo huesos, serían capaces de matarte por escribir un buen verso. Son eternos niños con cuchillos: no han comprendido y se resisten a entender que el mundo está despojado de magia. Insisten con sus ojos ciegos, insisten con sus lenguas de pérfido aguijón, dicen que aman el silencio, pero jamás lo han conocido.
Un poeta solo ama desde la carencia, conjugará en ti a todas las mujeres que ha inventado, mas el peso de tu tierna carne hará trizas su infantil locura.
Deseo que te ame la gente con sus maneras de cerveza fría y corazones distraídos, con su humo y sus carcajadas, con su sueño vivaz y su hambre de mera vida.
Deseo que te amen como aman los fieros perros.
Deseo que todo en ti no sea nada más ni nada menos que tú misma.
Deseo verte como fuerza y energía pura, libre de eufemismos y disfemismos, libre de este amor de significantes huecos.

Noche serena.
Por: El Otro Judas.
Como una nube espesa mi alma gime
Con un par de lunas que me acarician
Espero y aspiro a ser encontrado entre tus versos
Como ser vivo, como ser
Amado
Si tus cartas llegasen
Si la espera
Acaba
Si el llanto de tus hijos
Si el corazón reposa
Caminantes somos
En calles marchitas.
Si tus suelos se vistieran
De orquídeas marchitas
Al fin gritaría
En tu patria, en tu brisa
Que me nace, que me quema, que me sopla
Mil y una vela
Goles y triunfos, penas y sitios
De este pecho congelado, que te siente y canta viva
Esta morada de afanes y habitantes dormidos.
Te doy asilo.
Por: Carmín.
“Todo va a estar bien, pajarito colibrí”
Pajarito colibrí, Natalia Lafourcade
Una sombrilla con algunos agujeros
que a veces también se empapa
y hace parecer que llueve más adentro que afuera,
unas almohadas que se hinchan por no dormir lo suficiente,
y una cobija de pliegue que quiero creer te abriga.
Llueve negro y miras al cielo,
pero simplemente es la sombrilla averiada.
Pensar que la tela no destiñe y cada mañana hacerle reparación
con una especie de parabrisas.
Amanecen pepas café que te comes al desayuno.
Y ahora que vives aquí no llueve.
Los soles se encienden.
Hay que guardar la sombrilla,
cerrar el telón y esperar a que vuelvas,
que te deslices por el tobogán y
entres a tu hogar,
que sepas que vives y emerges desde mi cuerpo,
que te salgan raíces de las manos por adherirte a mis paredes.
Mañana quiero que te atrevas a rodar por mis montañas
y al anochecer bebas de mis lunas.
LLENANDO EL ESPACIO.
Por: Ricardo Niño.
Transformado con el grito
que se desvanece
del niño hambriento.
Ya no puede ser el mismo,
abandonó su labor de dios.
Terminó su certeza de montaña
su duelo con el pulmón
La bandera ondeante de éxito.
Ya no es más miedo al rechazo
ni a la promesa falsa, ni es
la llave que abría el cerrojo
entre las extremidades.
y volvemos a preguntar Qué es,
y retornamos de la pregunta vacíos.
Su ejercicio hoy colinda
con su ausencia.
Dejó de ser la sonrisa que emana
como suspiro de alivio
al vencer el temor al aislamiento.
Hoy se llena de soledad
ante tanto fin de mundo.
Pero aún resiste al despojo
a pesar de que se consume
dejando a lo atroz como ceniza
Aparece el dios execrado
y encarna una soledad ajena.
Un tramo iluminado de la noche
lámpara de otro siniestro
que repite la misma fortuna.
Un amor promete alivio. El niño
para de llorar al otro lado del mundo;
Ya nunca volverá a repetir su llanto.
Era infancia, transmutó en pregunta
y en horror, y en la ausencia de amor
en ese país derrotado.
Una invitación para el consuelo:
No estás sólo, yo también lo veo,
habitamos un sitio terrible.
Tal vez si permanecemos al lado del otro
Así podamos andar sobre los escombros
X.56.0.
Por Zahayra.
¿A dónde vas cuando ya no cabes en la melancolía?,
¿Dónde te escondes cuando el escondite ya no te queda?
La abrumadora e insaciable culpa,
esa que desmiembra poco a poco tu alma,
aquella que lleva consigo el poco respeto que quedaba en ti.
Despreciable, la mirada no ve más allá del asco que se tiene,
frente al espejo eres detestada,
apestada por tus mentiras,
engañando verdades para salir intacta en esta batalla a corazón abierto.
Caníbal de abajo arriba y de arriba abajo
pero nunca para adelante, inmóvil y sin piernas,
masticar dedo por dedo
mientras voy desollando la piel que recorriste con tus labios,
arrancando mis clavículas
y dejando en frascos separados
mis codos y hombros,
mi nariz y mis senos.
Enferma.
enferma y putrefacta ciudad,
atiborrada de dolores
en espera de engullir los sueños que se encarga de destruir.
X.17.0
Por Zahayra.
Quiero despejar mi mente y alejarme un poco de mí misma, ya estoy cansada de
pensar siempre en lo mismo, de recordar errores del pasado y de haber querido actuar
diferente.
Ya todo pasó, las cosas se acabaron y nos dejamos.
Nos dejamos rotos, vacíos, decepcionados.
Nos dejamos porque ambos necesitamos sanar y reparar por separado lo que
rompimos juntos.
Te dañé, me dañaste, de nada sirvió tanto cariño si terminamos por consumirnos
mutuamente.
De nada sirve intentarlo una vez más pues acabamos con lo que alguna vez fue muy
hermoso.
El viento se llevó consigo las cenizas del amor que habitó y recorrió cada parte de
nuestro ser.
Se marchitó el amor como se murieron las flores que dejaste en mi puerta.
Nos dejamos con la esperanza de encontrar una mejor compañía en nosotros mismos,
pero tú tenías mi reemplazo mucho antes de dejarnos.
Nos dejamos. Quiero creer que nos dejamos, pero en realidad tú me dejaste a mi…
EL AMOR DE TU VIDA.
Por :WILLIAM SALAZAR
Mi amor,
Diosa del Olimpo,
Criatura del bosque soberano.
He vacilado tanto
Antes de escribirte estas letras;
Pero el amor que te profeso
Es más grande que mis dudas,
más profundo que mi temor
A tu rechazo.
¿Cómo no amarte,
Si eres un poema
De belleza y feminidad?
Tus ojos, son dos luceros
En la noche invernal.
Tu cabello, cascada oscura
Derramándose en tus hombros.
Tu voz, suave y aterciopelada,
Flor del trópico
Exuberante y embriagadora.
Cuantas veces descubrí
En el brillo de tus ojos
Tu amor de mujer,
Y yo, como esfinge de piedra,
Permanecía contemplándote,
Como la luna contempla la inmensidad del mar.
Adiós, amada mía.
No volveré a implorar tu sonrisa,
Ni a buscar tus ojos,
Sólo a besar tus labios
Sólo a estrechar tu talle.
Nunca te olvidaré,
El amor de tu vida.

Por: Lorena Mora Rodriguez.
Cicatrices y retazos.
Por: Any Gonzalez.
La mayor parte del tiempo vacía
Otras veces herida
Pero siempre rota y deshecha.
Todo quema y arde en las entrañas
Todo se siente más de lo que debería.
¿Hasta qué punto se hiere a otros por simplemente ser?
¿Desaparecer tal vez?
¿Huir?
¿Abandonar?
Esas pieles que antes vestía
Ahora desconocidas son
Anhelo lo que fui
Pero no lo que fuimos.
Cada vez más cicatrices.
Una a una las remiendo
Una a una
Me voy perdiendo
Desapareciendo.
Ya no sé quién fui
O quien soy
Y mucho menos quien seré.
¡¿Hasta qué punto se debe sufrir para sentir?!
Sentir para sufrir
O sufrir para sentir.
Sentir para sentir
Sufrir para sufrir
¿Dejar de sentir?
¿Dejar de sufrir?
Dejar
Dejar
Y dejar...
Guardada la transformación.
Por: Waldy Petirrojo.
¿Se han negado las hojas cayendo, acariciarle el pelo?
O la llovizna, ¿no mojar sus tristezas en medio de los campos?
No ha sido como yo le he visto recoger manzanas caídas,
mientras piensa cosas como estas.
Le rebasa un sentimiento profuso antes de llegar a la columna,
erigida en medio de su visión destrozada;
esa escalada fortuita que la deja con la desazón de la intención ida.
No puede ser la misma
desde que acechó las ganas cual gato moteado
que desaparece sin recibir rastro de visita.
Era ella, buscando formar parte de la fruta que su boca asimilaba,
pero otra, que en su recorrido diario
permitía a la sombra de mi mano ayudarle a recoger
el fruto en el cesto de su vientre.
Pero ahora, ¿por qué esta melancolía de fado?
¿Por qué la cosecha hundida en sí misma no se perpetua
en frente de la ventana de alfeizar corroído y tostado?
Cuando tomaba las manzanas del suelo
era posible distinguir desde mi arcón la flor del árbol
de nuestras momentáneas vidas;
que han pasado débilmente sobre su vestido,
perfectamente planchado de domingo y de su despedida ubicua.
Luces dentro suyo
dentro mío abismales.
Conmoción lumínica que pareciera romper cicatrices con hierbajos,
como en las losas del parque.
Nos hemos ido laberínticamente por entre ramajes,
hojas caídas secas
que no pueden unirse al cielo;
la tierra levanta el cuerpo
y algún gorrión se ahoga en su propio canto quebrado de abismos.
Los cielos en su partida,
como en el origen,
han recogido una visión del horizonte en mí
en su profuso mirar hemos ensanchado los desiertos.
NO ME ABANDONES.
Por: Profe Karen - Ignis Belli.
Tu cuerpo ya no me acompaña, no puedo negar que ya no volveré a verte.
Mi alma se deshace poco a poco con cada recuerdo, la debilidad se apodera de mí.
Los sueños pendientes por cumplir son recurrentes cada segundo,
Intento mantener mi mente inquieta, pero me es imposible negar tu ausencia.
Tantas palabras no pronunciadas y actos abortados.
Mis brazos adormecidos no podrán detener tu ida.
Mis labios se deshidratarán sin besarte ni decirte que te aman,
Mis lágrimas caerán intentando nutrir el suelo de la rosa marcescible para que llegues a ser rizoma y puedas resurgir.
Espérame, no desampares este espíritu que juntarse al íngrimo universo quiere.
No me abandones, que los ínfimos segundos hacen más tortuosa la espera.
Ahora que el tiempo ha satisfecho los caprichos de la dama oscura, atrasa su paso cediendo a sus juegos con los que aún no expiran.
Mientras tu lazarillo ya no es tuyo, sino ahora es huésped de varios, acata diligente su cargo de recordar con amargura que todavía estamos vivos.
Acompáñame, el temor ronda con pasos gigantes y la incertidumbre golpea a la puerta sin poder ocultarme.
Sólo basta un momento de silencio para que los recuerdos aparezcan con un estruendo tal que la muralla que se interponía a la realidad se ha vuelto polvo y ahora viaja con el viento, recorriendo los lugares que frecuentábamos.
Parte de mi.
Por: Turpial Sabanero.
A veces eres como un perro callejero que persigue al primero que te da afecto en cualquier esquina.
Recuerdas esa vez que terminaste en aquella frontera que limita con el ostracismo persiguiendo al amor que no te dabas?.
Eres terco y sin embargo dejo que tomes las decisiones importantes, me dejo guiar en ese camino a la deriva que suele ser cada día.
De tantas noches, las de llanto silencioso son las que no salen de tu memoria, pero a esa misma es la que acudo al exprimirle melodías a la vida, ambos sabemos de qué está hecha la existencia, la que sembramos y tejemos.
La que reímos y lloramos en éste paisaje de flores que brotan de la mierda.
Querido corazón mío, sé que tantas veces te he regalado y más sin embargo apareces al día siguiente en la puerta de mi casa echado, esperando que te ponga en mi pecho de nuevo y salir a jugar el juego de la vida.
Primer amor.
Alegría la que tenía
el primero que amó,
me pregunto que sentía
al ver lo que le pasó.
Lejos de presiones,
de la Iglesia y del Estado.
Tan solo era deseo,
tan solo había caos.
Un camino sin inicio,
un camino que ha cambiado,
un camino comprendido
entre seres lejanos.
Era ver la luz del mundo,
cuando no se lo ha pedido
y hace algunos minutos
se yacía dormido.
Ahora parece un destino,
un lugar obligado.
Aunque el solo no se asome,
se quiere levantar al gallo.
Y ese misterio imponente
se aparece condenado,
de tanto que con su luz
todos hemos jugado.
Como el que prueba una vez,
como el que escucha una vez,
como el que ve por un tiempo
lo que han vivido las Musas;
como el que queda en silencio,
esperando
lo que depare la vida,
lo que depare la nada.
Repetir lo que ha sentido
aquel humano en la vida
es tomar el agua en las manos
y tirarla con mera ira.
A veces creo que no existe,
ese momento no llega,
mientras más me lo imagino
a mi lado más se quema.
Yo creo en el amor
porque lo he visto con mis ojos,
no en el reflejo de los míos,
sino en el de los otros.
Al cabo lo visto es espejo,
sensato tengo que ser.
El amor que vio el primero,
quizás no se vuelva a ver.
Por Jorge Arango
Escena fotográfica.
Por: Cludia Ramos.
Quisiera era hacerle un balance de blancos
para modificar el desorden de colores en su mirada que domina mis ojos.
Quisera encontrarme con su punto de enfoque, y brindarle un ramo de pixeles mientras me revelo lentamente.
Quisiera darle una exposición de todos los planos que imagino terminan en sus brazos.
Quisiera mostrarle toda la intensidad de luz que tengo para verle sus colores, sin que la opacidad me alcance.
Quisiera en un juego de cortinillas controlar el tiempo de obturación, cada vez que mi pupila le dispara a su mirada.
Quiera sentir su piel a milimetros
sin distancia focal, sin espacio para el campo visual, solo la piel y la piel.
Quisiera besarle toda la piel, distribuirle besos perfectos y componerle una gran escena fotografíca.